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Abdel-Malek-al-Houthi
En la foto: Abdel Malek al-Huzi, actual líder de los huzíes, habla por televisión desde un lugar no especificado en la provincia de Saada, el pasado 20 de enero

Francisco Veiga.- EL PERIÓDICO, MARTES, 27 DE ENERO DEL 2015

Los sucesos de Yemen resultan difíciles de entender incluso para sus habitantes. Pero la clarificación de algunos conceptos y un breve esbozo del momento histórico pueden ayudar a conceder a ese país la destacada importancia que posee para el conjunto del mundo árabe.

De entrada, hay que tener en cuenta que los huzís que han tomado la capital del país y forzado la caída del presidente de la república no son una etnia ni una confesión religiosa. El nombre les viene de ser seguidores de Hussein al-Huzi, que allá por los años 90 era líder espiritual de un grupo denominado Juventud Creyente y parlamentario de un partido religioso menor, el Hizb al-Haq. Por lo tanto, el de los huzís es un fenómeno muy característicamente yemení, por cuanto están unidos por consideraciones de lealtad partidista en un país que agrupa la mayor concentración de tribus del mundo, con un derecho consuetudinario común (el urf) y con una larga tradición de oposición armada al poder.

Ahora bien, Hussein al-Huzi era un zaydí, es decir, un chií. El zaydismo es una escisión confesional del islam chií. Yemen agrupa el mayor porcentaje de zaydís del mundo, que se concentran en las tierras altas del norte. Desde el siglo IX, los zaydís ostentaron el poder en Yemen a través de los imanes sada, es decir, los descendientes del Profeta por la rama de sus nietos Husayn y Hasán. Cuando Yemen se convirtió en un Estado plenamente soberano en 1918, pasó a ser una monarquía, y así continuó hasta la guerra civil de 1962 a 1970, que terminó con la instauración de la república.

Esa contienda fue una verdadera guerra civil árabe, porque enfrentó al nasserismo egipcio, de carácter laico, y el monarquismo saudí, de marcadas raíces religiosas. Así, el olvidado Yemen volvía a ser un laboratorio del mundo árabe, por cuanto anticipó un enfrentamiento político que volvió a repetirse en décadas sucesivas por todo Oriente Próximo -la primavera árabe también tuvo ese componente- y que hoy podría estar acaeciendo en el país. El régimen surgido de la guerra civil pasó años intentado estabilizar lo que podría denominarse república de las tribus, en la que el presidente laico sustituía al príncipe y su legitimación religiosa. El presidente Saleh -por cierto, un zaydí- pareció lograrlo, pero a costa de terminar convertido en un autócrata que se llevó por delante la primavera árabe.

Pero lo que hoy sucede en Yemen poco tiene ya que ver con esas revueltas que echaron a Saleh pero llevaron al poder al presidente Hadi -ni fuerte ni carismático- y sí con la creciente expansión de Al Qaeda en el sur y el centro del país desde la primavera. Ni los ataques selectivos con drones llevados a cabo por EEUU -que además suelen causar bajas civiles-, ni el descompuesto Ejército yemení ni las tribus han logrado detener a las milicias yihadistas. En cambio, los huzís, muy cohesionados y bregados por la guerra civil que mantienen contra el Gobierno desde el 2004, sí se han convertido en un duro adversario de Al Qaeda y el islamismo integrista de algunos sunís.

Por lo tanto, en Yemen no se está librando una guerra civil entre chiís y sunís, sino lo que podría ser la recuperación del poder político por los zaydís al ocupar el hueco dejado por una república que ha entrado en coma.

¿Significa esto que podría regresar la monarquía zaydí? Cabe esa posibilidad. ¿Vendría ello favorecido o apoyado desde Teherán, como suele rumorearse en Yemen? También podría ser, aunque desde el 2004 nunca se ha podido probar que los iranís o Hezbollá abastecieran a los huzís. Pero sí está comprobado que los yemenís replican muchas veces los terremotos vividos en otras regiones de Oriente Próximo e interactúan con su particular aportación.

La guerra de los huzís comenzó a la par que en Irak surgía la insurgencia yihadista que terminó enfrentada a los chiís. Hoy, mientras Washington y Teherán hacen frente común -aunque sea en el modo juntos pero no revueltos- contra la expansión del Estado Islámico en Irak y Siria, los huzís chiís dicen plantar cara a Al Qaeda en Yemen. Eso puede hacer pensar que Washington les deja hacer, lo que no sería ilógico. Otras voces argumentan que los huzís solo desean controlar las regiones petrolíferas, especialmente Marib, en un momento en el que Yemen parece descomponerse y en el sur la coalición Al-Hirak trabaja para lograr una nueva secesión. Que sería apoyada por los países del Golfo y Arabia Saudí, firmes adversarios de los huzís. También se rumorea que el expresidente Saleh intenta volver al poder de la mano de los huzís. Todo ello, ligado al fallecimiento del monarca saudí Abdalá bin Abdulaziz, hace suponer que la península Arábiga vive momentos decisivos.

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